Psicología del testimonio (II): la víctima
Puede que hayas denunciado una situación de maltrato y ahora te hayan citado para realizar una valoración psicológica forense.
Quizá no sabes qué van a preguntarte, si tendrás que volver a explicar todo lo sucedido o qué ocurrirá si te bloqueas y no consigues recordar una fecha.
También puede preocuparte que los nervios te hagan parecer poco creíble, que una contradicción provoque que duden de ti o que no mostrar tus emociones de la manera esperada juegue en tu contra.
Antes de acudir, quiero explicarte cómo puede desarrollarse una valoración pericial, qué puede estudiar la psicóloga forense y cómo puedes prepararte.
No necesitas memorizar tu relato, utilizar palabras técnicas ni comportarte de una determinada manera para “parecer víctima”.
¿Por qué te han citado?
Una valoración psicológica forense tiene como finalidad responder a una pregunta relacionada con un procedimiento judicial.
Según el caso, puede solicitarse para valorar:
- Las posibles consecuencias psicológicas del maltrato.
- Si determinados síntomas son compatibles con las experiencias descritas.
- El riesgo de que la violencia continúe o aumente.
- Las capacidades parentales.
- Otros aspectos relevantes para el procedimiento.
La valoración puede haber sido solicitada por el juzgado o encargada por una de las partes. Esto influirá en el proceso y en quién recibirá el informe.
Antes de comenzar, la profesional debe explicarte qué se va a valorar, cómo se utilizará la información, a quién se entregará el informe y cuáles son los límites de la confidencialidad.
Puedes preguntar todo aquello que no entiendas. Saber qué va a ocurrir también forma parte del proceso.
Una valoración pericial no es un interrogatorio ni una sesión de terapia
En terapia, el objetivo principal es acompañarte en tu recuperación y cuidar tu bienestar psicológico.
La valoración forense tiene otro propósito: recoger y analizar información para responder con rigor a una cuestión con relevancia jurídica.
Por eso, la psicóloga debe escucharte con respeto y evitar una nueva victimización, pero también tendrá que formular preguntas concretas, aclarar algunos aspectos y explorar posibles inconsistencias o explicaciones alternativas.
Que te pida precisar algo no significa necesariamente que no te crea. Forma parte de un trabajo que debe ser objetivo y cuyas conclusiones pueden incorporarse a un procedimiento judicial.
Tampoco puedo decirte que hablar de lo vivido será fácil. Algunas preguntas pueden resultar dolorosas o remover emociones. Pero puedes pedir que te expliquen una pregunta, avisar si no la has entendido o solicitar una pausa si la necesitas.
¿Cómo será la entrevista?
Habitualmente, la psicóloga comenzará con preguntas amplias para que puedas explicar lo ocurrido con tus propias palabras.
Después puede pedirte que aclares momentos concretos: cómo comenzó la relación, cuándo aparecieron determinadas conductas, si la violencia fue aumentando, qué ocurrió durante la separación o qué cambios has notado en tu vida.
Puede que la valoración necesite más de una sesión.
No se espera que recites una historia perfectamente ordenada. La profesional irá recogiendo información sobre los hechos, el contexto, la evolución de la relación y las posibles consecuencias psicológicas.
Su función no es completar tu relato ni sugerirte respuestas, sino crear las condiciones adecuadas para recogerlo con el mayor rigor posible.
¿Y si te bloqueas o no recuerdas una fecha?
Esta es una de las preocupaciones que más pueden aparecer antes y después de una entrevista.
Quizá recuerdes claramente una amenaza, pero no qué día ocurrió. Puede que sepas que determinadas conductas se repetían con frecuencia, aunque no consigas separar cada episodio. También puedes perder el hilo, explicar los hechos de forma desordenada o recordar después un detalle que no mencionaste inicialmente.
La memoria no funciona como una grabación exacta.
Durante una situación de peligro, la atención puede concentrarse en aquello que resulta más amenazante y dejar en segundo plano otros detalles. Cuando la violencia se repite durante meses o años, algunos episodios también pueden mezclarse.
El miedo, el estrés y las experiencias traumáticas pueden dificultar la recuperación del recuerdo y su organización verbal. Sin embargo, el trauma tampoco explica automáticamente cualquier contradicción.
La psicóloga debe analizar qué información ha cambiado, si se trata de un detalle central o secundario, en qué circunstancias se recogió cada declaración y qué otras fuentes permiten contrastarla.
Decir «no lo recuerdo» cuando realmente no puedes precisarlo no significa que estés haciendo mal la entrevista. Es preferible reconocer una laguna que intentar completarla para que el relato parezca más coherente.
No existe una única manera de “parecer víctima”
Puedes llorar durante la entrevista o contar lo ocurrido con aparente frialdad.
Puedes bloquearte, hablar muy deprisa, necesitar pausas o incluso sonreír de manera nerviosa al explicar una experiencia dolorosa.
Ninguna de estas reacciones permite determinar por sí sola si una persona está diciendo la verdad o mintiendo.
Tampoco haber tardado en denunciar, haber regresado a la relación o haber mantenido contacto con la persona agresora debería interpretarse sin conocer el contexto.
En una situación de maltrato pueden intervenir el miedo, la dependencia económica, el aislamiento, el vínculo afectivo, la preocupación por los hijos o hijas y la esperanza de que la relación cambie.
La valoración no debería basarse en si encajas en una imagen preconcebida de cómo se comporta una víctima.
¿Tendrás que realizar pruebas psicológicas?
Es posible, aunque dependerá del objetivo de la valoración y de las circunstancias de tu caso. No todas las mujeres realizan las mismas pruebas ni es necesario utilizar todos los instrumentos disponibles.
Para estudiar el funcionamiento psicológico, la sintomatología y la forma de responder pueden emplearse herramientas como el MMPI-2-RF, el MMPI-3 o el PAI. Estas pruebas incluyen indicadores de validez que ayudan a valorar, entre otros aspectos, si las respuestas han sido consistentes o si existe una forma inusual, minimizada o amplificada de describir los síntomas.
Si se necesita explorar sintomatología postraumática, puede utilizarse la EGEP-5, junto con otras herramientas para valorar ansiedad, depresión, miedo o interferencia en la vida cotidiana.
En algunos casos también puede emplearse el SIMS, un instrumento de cribado que permite detectar patrones de respuesta que necesitan ser estudiados con mayor profundidad.
Un resultado elevado no demuestra por sí solo que una persona esté simulando. Del mismo modo, ninguna prueba confirma automáticamente que haya existido maltrato.
Si el objetivo incluye valorar el riesgo de nueva violencia, pueden utilizarse herramientas como la SARA-V3 o la EPV-R. Estas guías estudian factores que pueden aumentar o reducir el riesgo; no valoran si la víctima está diciendo la verdad.
Las pruebas no son detectores de mentiras. Sus resultados deben interpretarse junto con la entrevista, la documentación y el resto de la información disponible.
La valoración no depende únicamente de cómo te expliques
Además de escucharte y realizar las pruebas que resulten necesarias, la psicóloga puede revisar documentación relacionada con el caso:
- Informes médicos o psicológicos.
- Denuncias y resoluciones judiciales.
- Mensajes, correos u otras comunicaciones.
- Partes de lesiones.
- Información procedente de otras fuentes pertinentes.
El objetivo no es encontrar una señal definitiva, sino comprobar si diferentes fuentes de información convergen, estudiar otras posibles explicaciones y reconocer también las limitaciones de la valoración.
Presentar síntomas compatibles con un trauma no demuestra por sí solo que unos hechos concretos hayan ocurrido. Pero no presentar un trastorno de estrés postraumático tampoco descarta el maltrato: no todas las víctimas desarrollan las mismas consecuencias.
¿Cómo puedes prepararte?
No necesitas memorizar una narración ni ensayar una manera perfecta de contarla.
Puede ayudarte:
- Reunir la documentación que te hayan solicitado.
- Anotar algunas referencias temporales importantes si te cuesta situar los episodios.
- Informar sobre la medicación que tomas o sobre cualquier circunstancia que pueda afectar a la evaluación.
- Pedir que te expliquen las preguntas que no entiendas.
- Solicitar una pausa si la necesitas.
- Diferenciar entre lo que recuerdas, lo que deduces y lo que conociste posteriormente.
- Decir «no lo sé» o «no lo recuerdo» cuando no puedas responder con seguridad.
Y si ya has realizado la entrevista y has salido pensando que te bloqueaste, que no te explicaste bien o que olvidaste algo importante, eso no significa automáticamente que la hayas hecho mal.
Puedes comunicar a la profesional que has recordado nueva información. Será ella quien valore su relevancia y la manera adecuada de incorporarla al proceso.
¿Qué ocurre después?
Una vez finalizada la evaluación, la psicóloga integrará la información obtenida y elaborará sus conclusiones en función de la pregunta pericial.
El informe se entregará a quien haya solicitado la valoración y puede incorporarse al procedimiento judicial. En algunos casos, la profesional también deberá acudir al juzgado para explicar y defender técnicamente sus conclusiones.
La psicóloga forense no decide si una persona es culpable ni determina por sí sola la verdad judicial de los hechos. Su responsabilidad es aportar una valoración psicológica fundamentada, explicar sus conclusiones y reconocer hasta dónde permite llegar la información disponible.
Pero que la psicóloga no tome esa decisión no significa que tu declaración carezca de valor probatorio.
La declaración de la víctima puede constituir prueba de cargo suficiente para desvirtuar la presunción de inocencia, incluso cuando sea la única prueba directa. Esto no ocurre de manera automática: corresponde al tribunal valorarla con todas las garantías, analizar el conjunto de la información disponible y motivar su decisión.
La ausencia de testigos directos o de determinadas pruebas materiales no invalida por sí sola tu declaración.
Conclusión
Tu tarea no es superar un examen ni conseguir que tu sufrimiento resulte visible.
Tu tarea es explicar con honestidad aquello que recuerdas y reconocer lo que no puedes precisar. La mía, como psicóloga forense, es valorar toda la información con rigor, comprender los factores que pueden influir en tu testimonio y explicarte cada paso del proceso.
Si has sufrido maltrato y necesitas orientación o una valoración psicológica forense, puedes escribirme o llamarme. Estudiaremos tu situación y te explicaré cómo sería el proceso antes de comenzar.
Gina Pascual💜
Evaluación pericial y acompañamiento psicológico.
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