Una psicóloga forense te explica qué analiza y qué herramientas utiliza para explorar si las palabras de tu hijo/a pueden estar condicionadas por el conflicto familiar.
Quizá has salido de una valoración de custodia con una preocupación difícil de apartar.
Tu hijo/a ha expresado ideas, recuerdos o preferencias que no reconoces como propios. Utiliza palabras que parecen demasiado adultas para su edad, ofrece explicaciones muy rígidas o rechaza situaciones que antes aceptaba con normalidad.
Y no puedes evitar preguntarte:
«¿La profesional sabrá detectar si alguien está influyendo en lo que dice mi hijo/a?»
No existe un test que confirme automáticamente que un/a menor está siendo manipulado/a. Tampoco puede llegarse a esa conclusión por una frase, una contradicción o el rechazo hacia uno de sus progenitores.
Una valoración rigurosa estudia cómo se ha formado el relato, qué experiencias lo sustentan y qué factores podrían estar influyendo en él. Para hacerlo, la psicóloga forense plantea diferentes explicaciones y las contrasta con toda la información disponible.
Tu preocupación se escucha, pero no se da por demostrada
Puede que tú estés convencida de que el otro progenitor está condicionando el relato de tu hijo/a. La profesional debe escuchar y explorar esa posibilidad, pero no puede comenzar la valoración dando por hecho que existe manipulación.
Debe contemplar distintas hipótesis:
- Que el o la menor esté expresando experiencias y emociones propias.
- Que su relato esté influido por comentarios o preguntas adultas.
- Que esté reaccionando al conflicto entre sus progenitores.
- Que sienta miedo, culpa o necesidad de proteger a alguno de ellos.
- Que existan dificultades reales en la relación con uno de los progenitores.
- Que confluyan varios de estos factores.
Tu preocupación no debería descartarse, pero tampoco puede darse por demostrada sin una evaluación. El trabajo de la psicóloga forense consiste precisamente en contrastar estas posibilidades antes de concluir qué puede estar influyendo en el relato.
«¿Y si interpreta una frase sin conocer todo lo anterior?»
Una valoración rigurosa no analiza únicamente qué dice el menor, sino también cómo, cuándo y en qué contexto empezó a decirlo.
La psicóloga forense puede explorar:
- Cuándo apareció el relato, el rechazo o el cambio de actitud.
- A quién se lo explicó por primera vez.
- Qué preguntas ha recibido y cuántas veces se ha hablado con él o ella del conflicto.
- Si ha estado expuesto a conversaciones entre adultos.
- Si comprende realmente las expresiones que emplea.
- Si puede aportar experiencias, emociones y ejemplos propios.
- Si su relato admite matices o se presenta de una forma muy rígida.
- Si diferencia lo que ha vivido de aquello que le han contado.
Una frase aparentemente aprendida puede ser relevante, pero nunca es suficiente para concluir que existe influencia.
Que tu hijo/a utilice palabras adultas tampoco demuestra por sí solo que esté siendo manipulado/a. Lo importante es estudiar de dónde procede la información, qué significado tiene para él o ella y qué relación guarda con sus propias experiencias.
«¿Cómo evitarán poner palabras en su boca?»
La entrevista forense semiestructurada es una de las principales herramientas de la valoración.
La profesional utiliza un lenguaje adaptado a la edad del o la menor y procura que explique sus experiencias, emociones y preferencias con sus propias palabras, sin anticipar respuestas ni transmitirle qué espera escuchar.
No es lo mismo preguntar:
«¿Cómo te sientes cuando estás en casa de tu padre?»
que afirmar:
«Tu padre te hace sentir mal, ¿verdad?»
También puede solicitar ejemplos concretos:
«Has dicho que no quieres ir. Cuéntame qué hace que te sientas así».
«¿Recuerdas alguna situación en la que te hayas sentido de esa manera?»
La entrevista suele desarrollarse en varias fases:
- Creación de un clima de confianza. Se explica al menor qué va a ocurrir y que puede decir «no lo sé», «no lo recuerdo» o corregir a la profesional.
- Exploración de sus capacidades. Se observa cómo comprende las preguntas, organiza sus recuerdos y diferencia entre algo vivido, imaginado o explicado por otra persona.
- Relato libre. Se le invita a explicar con sus palabras aquello que recuerda o cómo vive la situación familiar.
- Preguntas de ampliación. Se solicitan ejemplos y aclaraciones mediante preguntas abiertas, evitando introducir información nueva.
- Cierre. Se comprueba si quiere añadir o corregir algo y se finaliza de una manera tranquila y adecuada a su edad.
También se entrevista individualmente a ambos progenitores para conocer la historia familiar, la organización de los cuidados, el conflicto existente y la manera en que cada adulto interpreta y atiende las necesidades del menor.
«¿Y si repite una versión que ha escuchado muchas veces?»
La memoria infantil no funciona como una grabación exacta. Puede verse influida por el paso del tiempo, la repetición de preguntas o las conversaciones mantenidas con adultos.
Cuando resulta adecuado, la profesional puede incorporar técnicas procedentes de la entrevista cognitiva para facilitar la recuperación de recuerdos sin introducir información nueva:
- Reconstrucción mental del contexto: ayudar al o la menor a recordar dónde estaba, qué veía, qué escuchaba o qué estaba haciendo.
- Relato exhaustivo: animarlo/a a contar todo lo que recuerde, aunque algún detalle le parezca poco importante.
- Recuperación desde distintos momentos: explorar diferentes puntos de una experiencia para facilitar el acceso a la información.
Estas técnicas se seleccionan y adaptan a la edad, el desarrollo y las capacidades del o la menor. Algunas estrategias clásicas, como narrar desde la perspectiva de otra persona o invertir completamente el orden de los hechos, requieren especial prudencia porque pueden resultar complejas o favorecer inferencias.
La entrevista cognitiva tampoco descubre automáticamente si un relato está influido. Ayuda a comprender cómo recupera y organiza el menor sus recuerdos dentro de una evaluación más amplia.
«¿La entrevista se realiza en una Cámara Gesell?»
La Cámara o Sala Gesell es un espacio dividido en dos ambientes mediante un cristal de visión unidireccional.
En una sala se encuentra el o la menor con el profesional que realiza la entrevista. Desde la otra, las personas autorizadas pueden observarla sin intervenir directamente.
Puede utilizarse en algunos contextos judiciales para evitar que varias personas interroguen al menor, reducir su exposición al conflicto y registrar la entrevista para su revisión.
La Cámara Gesell no es una prueba psicológica ni permite saber por sí sola si existe manipulación o si el menor dice la verdad. Su función es facilitar que la entrevista se realice en un entorno más protegido y con mayores garantías. Tampoco se utiliza necesariamente en todas las valoraciones de custodia.
«¿Observarán cómo se relaciona con cada progenitor?»
Cuando resulta pertinente, puede observarse la interacción del menor con cada progenitor mediante conversaciones, juegos o actividades adaptadas a su edad.
Se analizan aspectos como:
- La comunicación y la expresión del afecto.
- La respuesta del adulto ante sus necesidades.
- La seguridad y espontaneidad del niño o la niña.
- El establecimiento de límites.
- La capacidad del progenitor para acompañar sus emociones.
No se trata de comprobar a quién quiere más ni de decidir la custodia a partir de una única escena. Una observación puntual no reproduce toda la vida familiar y debe interpretarse junto con el resto de la evaluación.
«¿Existe algún test que detecte la manipulación?»
No existe una prueba psicológica que confirme por sí sola que un menor está siendo manipulado.
La batería se selecciona en función de su edad, de las características de la familia y de las preguntas que deba responder la pericial. Pueden emplearse, por ejemplo:
- SENA o BASC-3, para explorar dificultades emocionales y conductuales en niños y adolescentes.
- TAMAI, para valorar su adaptación personal, familiar, escolar y social.
- CUIDA, para estudiar variables relacionadas con el cuidado y las competencias parentales.
- PAI o MMPI-2-RF, cuando resulta necesario evaluar características psicológicas de los adultos.
Algunas pruebas pueden ser cumplimentadas por el menor, sus progenitores o profesionales del ámbito escolar. Comparar distintas fuentes permite observar si las dificultades aparecen en varios contextos o únicamente son descritas por una de las partes.
Estas pruebas aportan información complementaria, pero no detectan automáticamente una influencia ni determinan qué régimen de custodia debe establecerse.
«¿Tendrán en cuenta lo ocurrido fuera de la entrevista?»
La valoración tampoco debería depender únicamente de lo que tu hijo/a consiga explicar durante una sesión.
Cuando son pertinentes, pueden revisarse informes escolares, sanitarios, psicológicos o sociales; documentación judicial; comunicaciones relacionadas con sus cuidados y valoraciones anteriores.
No se trata de acumular documentos, sino de conocer la evolución de la situación, comprobar si los cambios también aparecen en otros contextos y buscar información que apoye o debilite cada hipótesis.
¿Qué puede concluir un/a psicólogo/a forense?
Después de integrar toda la información, el profesional puede identificar factores compatibles con una posible influencia adulta, siempre mediante conclusiones prudentes y sustentadas en datos.
Puede señalar:
- Si el discurso se ajusta al desarrollo y a las experiencias del o la menor.
- Si existen indicadores de exposición al conflicto entre sus progenitores.
- Si algunas afirmaciones parecen proceder de información adulta.
- Si el rechazo se relaciona con experiencias concretas.
- Si aparecen miedo, culpa o conflicto de lealtades.
- Qué hipótesis encuentran mayor apoyo y qué limitaciones presenta la evaluación.
La psicóloga forense no puede leer la mente del o la menor ni reconstruir con absoluta certeza todo lo sucedido. Tampoco decide el régimen de custodia.
Su función es aportar una valoración técnica para que el órgano judicial pueda tomar una decisión considerando el interés superior del menor y el conjunto de las pruebas.
¿Qué puedes hacer si sospechas que están influyendo en tu hijo/a?
Cuando escuchas a tu hijo/a decir algo que no reconoces como suyo, es natural querer preguntarle repetidamente qué le han dicho o pedirle que explique «la verdad».
Sin embargo, aunque quieras protegerlo, esa insistencia puede aumentar su presión y terminar influyendo también en su relato.
Es preferible:
- Escucharlo sin completar sus respuestas.
- Hacer preguntas abiertas solo cuando sea necesario.
- Evitar criticar al otro progenitor delante de él o ella.
- No ensayar lo que debe decir durante la valoración.
- No pedirle que elija entre ambos.
- Anotar literalmente las expresiones o cambios que te preocupan, indicando cuándo y en qué contexto aparecieron.
- Solicitar orientación profesional especializada.
Proteger a tu hijo/a no significa aceptar automáticamente todo lo que explica ni descartarlo. Significa permitir que sea escuchado sin añadirle más presión y que sus palabras se analicen dentro de su contexto.
Escuchar a tu hijo/a también exige rigor
Una posible influencia no se detecta encontrando una palabra adulta o una frase que «delate» al otro progenitor.
Es necesario estudiar cómo se ha formado el relato, si se apoya en experiencias propias y qué factores familiares pueden estar interviniendo.
Si te preocupa que las palabras, preferencias o el rechazo de tu hijo/a estén condicionados por el conflicto familiar, no tienes que demostrar tú sola qué está ocurriendo ni interrogarlo para obtener respuestas.
Puedes solicitar una valoración psicológica forense especializada que explore las distintas hipótesis y ayude a comprender la situación con el cuidado y el rigor que necesita.
Si necesitas orientación o una valoración para un informe pericial, puedes llamarme o escribirme. Estudiaremos vuestra situación de manera individual, teniendo siempre presente el bienestar y el interés superior del menor.
Gina Pascual.
Evaluación pericial y acompañamiento psicológico.

