Cómo puede afectar durante el embarazo, el parto, el postparto o la lactancia, cuándo pedir ayuda psicológica y cuáles son tus derechos. 

Quizá has llegado hasta aquí porque hay algo de tu embarazo, parto o postparto que no sabes muy bien cómo explicar, pero que todavía duele al recordarlo. 

Solo sabes que hay momentos que recuerdas con tristeza, rabia o incluso culpa. 

Y quizá te has preguntado más de una vez: 

“¿Estoy exagerando?” 

La respuesta es NO 

A consulta llegan muchas mujeres que sienten exactamente lo mismo. 

Mujeres que aman profundamente a sus hijos y que, al mismo tiempo, siguen sufriendo al recordar cómo fueron tratadas durante el embarazo, el parto o el postparto. 

Y eso tiene sentido. 

Porque convertirse en madre no debería implicar renunciar a tu dignidad, a tu voz ni a tu bienestar emocional. 

¿Qué es la violencia obstétrica? 

La violencia obstétrica ocurre cuando una mujer  

recibe un trato denigrante (insultos, humillaciones, etc.),  

se le niegan determinados cuidados o servicios (por ejemplo, un refuerzo de epidural cuando está indicado),  

se realizan prácticas invasivas (como la maniobra de Kristeller),  

se administra medicación innecesaria (como oxitocina para acelerar el parto sin una indicación médica clara),  

o se producen intervenciones forzadas, violencia física o verbal,  

o situaciones de discriminación por razón de edad, origen o nivel socioeconómico,  

entre otras, durante el embarazo, el parto o el postparto. 

A veces es evidente; otras veces, mucho más sutil. Tan sutil que cuesta reconocerla. 

Porque durante mucho tiempo se han normalizado frases como: 

“Parir es duro.” 

“Lo importante es que el bebé está bien.” 

“Todas hemos pasado por eso.” 

Que tu hijo esté bien no invalida que tú estés sufriendo. 

Y reconocer ese sufrimiento no te convierte en una mala madre. 

Parto respetado: no es un parto perfecto, es un parto con derechos 

Cuando hablamos de parto respetado, no hablamos de un parto ideal, sin complicaciones o sin intervenciones médicas. 

Significa que, incluso cuando aparecen dificultades, la mujer recibe información clara, puede hacer preguntas, se respeta su consentimiento y se la trata con dignidad. 

Porque a veces una intervención médica puede ser necesaria. 

Pero la forma de explicarla, acompañarla y realizarla también importa. 

No es lo mismo que te digan qué está ocurriendo, que te miren a los ojos y que te hagan sentir parte de la decisión, que sentir que todo pasa sobre tu cuerpo sin que nadie te tenga realmente en cuenta. 

Desde la psicología sabemos que la sensación de pérdida de control puede dejar una huella emocional profunda. 

Y en el embarazo, el parto o el postparto, esa sensación puede vivirse con especial intensidad, porque hablamos de un momento de enorme vulnerabilidad física, emocional y vital. 

 

Ejemplos de violencia obstétrica: comentarios, falta de consentimiento y trato deshumanizado 

Hay frases que se quedan grabadas durante años. 

«Aquí no se grita.» 

«Hay que quejarse menos y empujar más.» 

«Qué exagerada.» 

‘‘Si le dieras el pecho esto no pasaría’’ 

Puede parecer algo sin importancia. 

Pero cuando una mujer se encuentra en una situación de vulnerabilidad física y emocional, las palabras tienen un peso enorme. 

Desde la psicología sabemos que sentirnos humilladas, ridiculizadas o ignoradas puede generar una profunda sensación de indefensión. 

Y esa sensación suele estar presente en muchas experiencias traumáticas. 

Por eso, si todavía recuerdas determinados comentarios, no significa que seas demasiado sensible. 

Significa que te hizo daño. 

También cuando se realizan procedimientos sin información suficiente ocuando se ignora el plan de parto sin explicación. 

Este es uno de los aspectos que más cuesta identificar. 

Porque muchas mujeres me dicen: 

«Pero yo no me negué.» 

Y tienen razón. 

No se negaron. 

Pero tampoco sintieron que podían decidir. 

Consentir no consiste únicamente en firmar un documento o asentir con la cabeza. 

También implica comprender qué está ocurriendo, recibir información clara y sentir que tu opinión importa. 

Cuando esto no sucede, muchas mujeres describen después una sensación difícil de explicar. 

Como si hubieran perdido el control sobre algo que estaba ocurriendo en su propio cuerpo. 

Y sabemos que la pérdida de control es uno de los factores que más influye en la aparición de síntomas traumáticos. 

En España, la Ley 41/2002 de Autonomía del Paciente reconoce el derecho a recibir información sanitaria y a decidir de forma libre y voluntaria sobre las actuaciones médicas, después de haber recibido la información necesaria. 
Esto significa que el consentimiento no debería reducirse a firmar un papel. 
También implica comprender qué se va a hacer, por qué, qué riesgos existen y qué alternativas hay. 

¿Cómo afecta psicológicamente la violencia obstétrica? 

Hay mujeres que salen del hospital con su bebé en brazos y sienten que deberían estar felices. 

Pero por dentro ocurre algo distinto. 

Hay imágenes que vuelven una y otra vez. 

Comentarios que siguen doliendo. 

Momentos que recuerdan con una mezcla de rabia, tristeza o impotencia. 

Y muchas veces aparece una pregunta: 

“¿Por qué me sigue afectando tanto?” 

La respuesta no es que seas débil. 

La respuesta es que tu cerebro puede estar intentando procesar una experiencia que vivió como amenazante, humillante o fuera de tu control. 

En psicología perinatal sabemos que una experiencia de parto difícil o traumática puede dejar secuelas emocionales importantes: ansiedad, miedo a un nuevo embarazo, recuerdos intrusivos, sensación de alerta, tristeza, culpa o desconexión con el propio cuerpo. 

Violencia obstétrica, trauma perinatal y estrés postraumático 

Hay mujeres que se sorprenden cuando escuchan la palabra trauma. 

Porque asocian el trauma a accidentes, guerras o situaciones extremas. 

Y sin embargo, siguen teniendo pesadillas con su parto. 

Evitan hablar de lo ocurrido. 

Se ponen tensas cuando tienen que volver al hospital. 

O sienten miedo intenso al pensar en otro embarazo. 

El trauma también está relacionado con la forma en que tu sistema nervioso vivió y registró esa experiencia. 

Cuando una persona se siente atrapada, indefensa o sin capacidad de decidir, el cuerpo puede registrar esa experiencia como una situación de peligro. 

Por eso, algunas mujeres siguen reaccionando emocionalmente meses o años después. 

¿Por qué puedo sentir culpa después de un parto traumático? 

Hay una sensación de culpa que aparece con frecuencia en muchas madres 

«Debería estar feliz.» 

Y detrás de esa frase suele esconderse mucho sufrimiento. 

Porque una mujer puede amar profundamente a su bebé y, al mismo tiempo, sentirse triste, enfadada o incluso rota por lo que vivió durante el parto. 

Las dos cosas pueden coexistir. 

No son incompatibles. 

Una experiencia así puede aumentar el riesgo de ansiedad, depresión postparto o dificultades en el vínculo inicial con el bebé. 

A veces la maternidad empieza con una exigencia enorme: estar feliz, estar agradecida, estar disponible, estar bien. 

Pero si tú también saliste herida de esa experiencia, necesitas tiempo, comprensión y acompañamiento. 

¿Puede afectar la violencia obstétrica al cuerpo, la sexualidad o el vínculo con el bebé? 

Sí, puede afectar. 

Y esto es algo que muchas mujeres viven con mucha culpa. 

Algunas madres sienten distancia emocional, bloqueo o dificultad para conectar como esperaban. 

Otras sienten rechazo hacia su cuerpo, dolor, miedo a la intimidad o una sensación de invasión difícil de explicar. 

Cuando una mujer acaba de atravesar una experiencia vivida como traumática, gran parte de su energía emocional puede estar intentando recuperar una sensación básica de seguridad. 

El vínculo no siempre aparece de forma inmediata; a veces necesita tiempo. 

¿Se puede superar una experiencia de violencia obstétrica? 

Sí, pero no desde la exigencia de “pasar página” rápido. 

Tampoco desde la idea de que deberías estar bien solo porque el parto ya terminó o porque tu bebé está bien. 

Muchas veces, el primer paso no es olvidar lo ocurrido. 

Es poder mirarlo con acompañamiento, entender por qué te afectó tanto y dejar de culparte por seguir sintiéndote así. 

Con el apoyo psicológico adecuado, muchas mujeres consiguen ordenar lo vivido, ponerle nombre a lo que pasó y recuperar poco a poco una relación más segura con su cuerpo, su maternidad y consigo mismas. 

Porque sanar no significa hacer como si nada hubiera pasado. 

Significa poder recordar sin que aquello siga ocupando tanto espacio dentro de ti. 

En Cataluña, la Ley 17/2020 reconoce la violencia obstétrica y la vulneración de derechos sexuales y reproductivos dentro del marco de las violencias machistas. 
Este reconocimiento ayuda a poner nombre a experiencias que durante mucho tiempo fueron minimizadas, normalizadas o silenciadas. 

¿Puedo denunciar una experiencia de violencia obstétrica? 

Sí, la violencia obstétrica puede denunciarse. 

Si estás valorando dar ese paso, un informe pericial psicológico puede ayudarte a recoger y explicar el impacto emocional de lo vivido: la ansiedad, la culpa, el miedo, los recuerdos intrusivos, la tristeza, la afectación en tu maternidad, en tu cuerpo o en tu vida cotidiana. 

Como psicóloga perinatal y forense, no solo puedo acompañarte a entender y poner palabras a lo ocurrido, sino también ayudarte, si lo necesitas, a elaborar un informe pericial que explique clínicamente las secuelas psicológicas que esa experiencia ha dejado en ti. 

Llámame o, si lo prefieres, escríbeme. 
Te acompaño durante todo el proceso con calma y sin juicios. 💜 

Para terminar 

No necesitas justificar tu dolor comparándolo con el de otras mujeres. 

Y no necesitas demostrar que sufriste lo suficiente para merecer ayuda. 

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